EL TELEFONO PORTATIL Y EL QUINTO ELEMENTO Por Alejandro Cánovas Pérez

EL TELEFONO PORTATIL Y EL QUINTO ELEMENTO Por Alejandro Cánovas Pérez
Suben y bajan las almas
en breve movimiento de penumbras.
Danzan aquietando el horror
para ofrecer, tal vez,
los siglos.

Danzan en fin
para soltar sus dulces quejidos al viento.

De Esqueletos de hojaldre en la noche. Poema del autor


Uno de los inventos más importantes en los últimos tres siglos es decir, el XIX, el XX y el XXI, ha sido precisamente el teléfono. El nombre por su constitución viene evidentemente del griego clásico y significa tele: de lejos, y fono: voz. El teléfono inventado por el italiano Antonio Meucci (1856) y el norteamericano Alexander Graham Bell (1876) tuvo un antepasado que coexistió durante algún tiempo con él: el telégrafo (1822). Pero mientras el telégrafo escribía puntos y rayas –recordemos la clave Morse--, el teléfono transmitía nada menos que la voz humana.

En sus orígenes, el teléfono reproducía muy mal y en realidad, al principio, el servicio solamente pudo ser recibido por muy pocas personas, mas por suerte, este defecto pudo resolverse con el paso de los años. Y evidentemente, en la Bella Época, hacia 1900-1910 algunos podían conversar cómodamente con sus amigos, conocidos, o tal vez realizar negocios, transmitir noticias para los periódicos, etc... El teléfono era ya por esos tiempos un fenómeno de sociedad. Durante casi todo el siglo XX, hasta la década de los años setenta, el teléfono tiene un puesto fijo; ya fuera en las empresas, en las casas, o en las cabinas telefónicas...

Algo curioso... Recordemos por ejemplo que el accidente del barco Titanic en 1912 --un poco antes de la Primera Guerra Mundial (1914-1918)-- tuvo entre sus múltiples causas que no existía un sistema de socorro por radio para alertar a los buques en el mar. Pero el telégrafo sin hilos o la radio tiene un origen anterior a 1898. Aunque ya la Nochebuena de 1906, Reginald Fessenden transmitió desde Brant Rock Station (Massachusetts, Estados Unidos) la primera radiodifusión de audio de la historia y se dice que algunos buques en el mar pudieron escucharla y que incluía a Fessenden tocando al violín la canción O Holy Night y leyendo un pasaje de la Biblia, en realidad no fue hasta 1918 cuando Edwin Armstrong inventa el superheterodino y la radio dispone así de una mejor calidad sonora. Mi abuelita –nacida en 1910-- me decía que estos primeros aparatos radio-receptores eran grandes como muebles y se escuchaban con audífonos, porque tampoco los altoparlantes existían.
La radio pues, comienza a ser utilizada en diferentes países en los años veinte. Por ejemplo en Cuba aparecen las primeras estaciones en 1922. De esta manera, la radio existía separadamente al teléfono (que sin dudas ya había servido para dar la noticia del desastre del Titanic). Ella no fue asociada de forma general con él, hasta la Segunda Guerra Mundial (pero siempre, como telégrafo sin hilos). En esta época se favoreció el empleo del teléfono con aparatos móviles(colocados como pesadas mochilas en el cuerpo de la persona) ya fuera en la infantería, ya fuera en un avión, ya en barcos. Pero curiosamente, esta unión a partir de la postguerra de dos elementos fundamentales en el teléfono-radio móvil solamente pasó del ejército al mundo de la sociedad civil casi dos décadas más tarde. Tal vez el tamaño y peso de las baterías que portaban los soldados impedía su difusión hacia el universo de lo cotidiano. El teléfono portátil o móvil o celular o manual todavía estaba en el terreno de la ficción en las series y filmes futuristas del cine y de la televisión entre los cuarenta y los setenta del siglo XX.

Ya en la década de los setenta, el teléfono aparece por primera vez, en los autos, a pesar de que obviamente éstos estaban ya dotados desde los años cincuenta de radios alimentados por sus propias baterías. Desconozco porqué la idea de poner el teléfono asociado con el radio y alimentado por el propio carro no había aparecido mucho antes en los propios cincuenta, puesto que gracias a la dinamo, la batería regeneraba su nivel de electricidad. Así el automovilista comenzó en los setenta a poder comunicarse desde casi cualquier lugar de las calles y autopistas. Pero en los años 80 por una parte, y sobre todo en los Estados Unidos, el proceso de reducción del tamaño de la computadora llevó a cabo una revolución: la computadora comenzó a ser también asociada a otros aparatos útiles y por otra, el desarrollo de la era espacial a través del lanzamiento de satélites retransmisores obtuvo con estos últimos que la señal radial, computacional y telefónica mejorara extraordinariamente a distancias planetarias.

Entre los beneficiados entonces, tuvimos a la televisión y después, a nuestro viejo conocido: el teléfono. De manera que a principios de los años 90, aparecen los primeros teléfonos portátiles. El tamaño dejaba que desear: eran un poco grandes (todavía las baterías y fenómeno de computación y de los llamados circuitos impresos no estaban a punto como para la posterior miniaturización de los aparatos), por tanto, el teléfono no era muy manuable. Por esto tuvo pronto correcciones sucesivas. En realidad, la forma y el peso de los teléfonos portátiles se ha ido reduciendo a niveles verdaderamente de bolsillo. A veces, pensamos en que los podemos perder muy fácilmente a causa de su tamaño diminuto.

El tercer elemento: la computarización de todos los circuitos y servicios del teléfono portátil llega a extremos inverosímiles. En realidad, el actual teléfono portátil no es más que una minicomputadora. La famosa personal computer o PC, es decir computadora personal, prosiguió una evolución en el teléfono tanto que se ha convertido en una realidad multifuncional: cámara digital, teléfono, dictáfono, computadora, máquina de escribir, GPS o posicionamiento físico geo-planetario por satélite y conexión por Internet, lector de música, de videos y de juegos. El teléfono portátil, o la computadora con radio y teléfono más pantalla de televisión o la suma síntesis de todo eso, en nuestros días es una parte importante de la vida cotidiana de nuestra sociedad. El factor comunicación social, fenómeno desarrollado también por la famosa revolución industrial del siglo XIX, ha tenido su substrato técnico en el teléfono portátil a finales del siglo XX y principios del siglo XXI. El teléfono portátil es hoy un fenómeno de sociedad. Y por supuesto, como todo lo nuevo, un fenómeno de la sociedad adolescente y de los adultos, imprescindible para éstos últimos en la actividad socioeconómica y para aquéllos en su aprendizaje-iniciación social.

Otro elemento, y en este caso sería el cuarto como en el filme de Luc Besson: El quinto elemento. Pero este caso, no son la tierra, el aire, el agua, el viento y la vida. Este cuarto elemento, es el fenómeno de Internet. La posibilidad de transmitir informaciones, imágenes y voz a través de una red internacional de computadoras es un fenómeno nacido hace ya unos 40 años. Pero el teléfono, en su calidad de videófono se está convirtiendo también en un nuevo y gran aspecto de nuestra sociedad moderna. Debemos recordar, que el teléfono mantenía una cierta privacidad entre los dos interlocutores puesto que sólo escuchábamos la voz y el resto quedaba a la imaginación. Actualmente, nos podemos comunicar no solamente como si ambas personas nos encontráramos presentes el mismo espacio y tiempo, (lo cual ya era posible, en la era de la televisión, pero un costo enormemente caro) sino que, la comunicación se encuentra accesible y a resguardo en nuestro bolsillo.

Así un quinto elemento también aparece: el teléfono lleva a pensar en dos aspectos socioeconómicos que lo sobrepasan. El primero se trata de su forma tecnológica y el segundo, de los servicios que ofrece. Del primero podemos decir, que la evolución de la imagen del aparato se encuentra en constante movimiento, y lo mismo, del segundo, en el sentido de las posibilidades que ofrece. Se trata pues bien, por una parte, de los fabricantes y sus marcas comerciales, asimismo por otra, de las empresas que aseguran las comunicaciones mundiales. Sin este quinto elemento, el actual teléfono portátil no sería lo que es para todos nosotros.

Mas si en El quinto elemento (1997), el filme futurista del francés Luc Besson, el amor y la vida fusionan en uno solo con el ser humano, haciendo de este número cinco el más importante de todos los demás, en el teléfono portátil, fabricantes y empresas de comunicación generan una espiral de enormes posibilidades e igualmente, de peligrosas consecuencias. Una civilización basada en la comunicación sofisticada in extremis a distancia que puede conducir a la hecatombe social en el planeta.

Una somera lista de fabricantes de teléfonos portátiles nos permite mencionar Alcatel, LG, Mitsubishi, Motorola, NEC, Nokia, Panasonic, Philips, Sagem, Samsung, Sharp, Siemens, Sony Ericsson y Aple, entre otras. Entre las empresas de comunicación u operadoras encontramos Dell, General Electric, British Telecom, France Télécom, SFR, Orange, Wanadoo, Bouygtel, Western Telecom y AOL, también entre otras muchas. La primera empresa que ofreció el servicio telefónico fue precisamente la Western Union en los Estados Unidos, y es la que deposita la patente en 1876 a nombre de Graham Bell: de aquellos tiempos a éstos, la complejidad del servicio actual la deja como si fuera una pulga, a pesar de que fue uno de los primeros gigantes económicos de la modernidad.

El quinto elemento pues: la alianza tácita entre productores y mediadores (servicios) del teléfono portátil, expresado muchas veces en fusiones de capital y de empresas ya de por sí pantagruélicas por sus dimensiones, extiende muy lejos la influencia social de su actividad. Vivimos en un mundo que se aproxima ya a las pantallas situadas por todos los extremos de la urbe como en la novela futurista de Georges Orwell: 1984. Pero estas pantallas están en nuestros bolsillos, van adonde marchamos y nos acompañan en la cotidianeidad. Las llamadas se controlan y los intereses del individuo se evalúan como si fueran –y en efecto lo son— un producto comercial más. Desconocidos nos llaman para proponernos productos que no hemos pedido y al llenar cuestionarios electrónicos que tienen al pie un llamado donde la empresa se compromete a respetar nuestra privacidad, ni siquiera sospechamos que estos cuestionarios son objeto de venta como listings comerciales a otras empresas a su vez. Asimismo, se pudiera llamar teléfono-dependencia a una especie de enfermedad psicosocial que lleva a muchos adolescentes a comunicarse única y exclusivamente a través del teléfono portátil. Pero la soledad no es una consecuencia de la sociedad, es un síntoma de su estado actual.

Nos creemos al abrigo de intrusiones de nuestra privacidad y al mismo tiempo, podemos extender nuestra libertad a poder comunicarnos con casi ya cualquier lugar del mundo (hasta en el círculo de países en desarrollo, el servicio telefónico portátil es una presencia masiva). La aldea global de los años ochenta del siglo pasado es una verdad resplandeciente... Pero esta sociedad de hoy lleva a pensar ilusoriamente a algunos que el desarrollo de los medios de comunicación masiva puede sustituir el contacto humano. Conozco a muchos que trabajan en sus casas, sintiéndose incapaces de socializarse de otra manera que no fuera a través de Internet... y de su teléfono móvil.

¿El teléfono portátil será esa comunicación sofisticada in extremis a distancia o dicho de otra forma, uno de los factores que pondrá nuestra vida humana en peligro sobre la Tierra? ¿Fue así que finalizó la civilización en la Atlántida?

Esperemos que no... Y por favor, perdone un momento, alguien acaba de llamarme. Regreso con usted enseguida...


--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Anuncio: Este blog ha sido registrado en el Directorio de Blogs francés BoosterBlog cuya dirección es http://www.boosterblog.com . Alli puede encontrarme dentro de la clasificacion Littérature. Igualmente, ha sido incluido en el Directorio Technorati de Blogs Norteamericano cuya dirección es http://technorati.com/

# Posté le dimanche 30 septembre 2007 20:41

Modifié le mardi 02 octobre 2007 16:01

EL MAL LLAMADO GÉNERO DE LA CIENCIA FICCIÓN Por Alejandro Cánovas Pérez

EL MAL LLAMADO GÉNERO DE LA CIENCIA FICCIÓN Por Alejandro Cánovas Pérez

Ese tipo de literatura o de filme que trae gran cantidad de instrumental tecnológico, listo para resolver problemas del futuro, tales como la cocción de los alimentos, su conservación, la ropa, el desplazamiento a gran velocidad, las agresiones o la respuesta a ellas, la realización de los sueños más alocados, es llamado por sus cultivadores y sus consumidores: ciencia-ficción. Sin embargo, no es merecedor ese nombre, de la realidad a la que alude. Lo que se pretende bautizar así, es algo mejor: ni el nombre, ni el fenómeno se manifiestan como tal. Es mejor llamarlo tal vez futurismo --sin posible confusión con el término ya consagrado en la historia del arte.
La ciencia-ficción o el futurismo --término más exacto para mí-- es una concepción estética, una visión estética del arte, tanto desde el punto de vista del creador como del receptor --lector o público, en general. La esencia no está en los artefactos que se muestran para dar la sensación de futuro, sino en cuánto trasciende en cantidad y calidad la propuesta artístico-estética de la obra a un pasado y un presente, conocidos y tal vez manidos, desde el punto de vista artístico. Lo de futuro para el artista es mero pretexto para tratar temas dirigidos en la mejor de las intenciones a un presente continuo que puede ser infinito, si la propuesta no envejece en su intento de anticipación.
El problema de lo filosófico no es ajeno a la ciencia-ficción o futurismo. La vida y la muerte, la condición humana, la sociedad, el mundo, el yo, la psiquis, el sexo, etc., el futurismo nos envuelve en una atmósfera de porvenir, no para escapar del presente, sino para presentar en su opinión cómo van las cosas. Es tan válido como las buenas obras de vocación historicista, o de costumbrismo. Y su validez no alcanza solamente la calidad de la recreación o de la imaginación, del mundo futuro, sino la in-tensión, no pretensión, sino la jerarquía de los elementos compositivos de la obra puesta en función de un compromiso con el destino de la humanidad y no de la mera presentación de una etapa tecnológica --que por cierto-- siempre es rebasada por la realidad futura. Conozco casos de falta de vigencia en la tecnología imaginada y que, sin embargo, reservan aún una proposición de vanguardia en lo filosófico.
Sin embargo, no poner ejemplos de obras literarias, fílmicas, televisivas, plásticas, sería imperdonable. En este sentido, quisiera mencionar algunos autores y obras tales como Julio Verne (Los quinientos millones de la Begún, Veinte mil leguas de viaje submarino, etc. ), Herbert George Welles (La guerra de los mundos, La máquina del tiempo), George Lucas (saga filmica de La guerra de las galaxias), Ray Bradbury (Crónicas marcianas), Aldous Huxley (Un mundo feliz). Y de Cuba, un autor: F. Mond, quien en sus cuentos y novelas cultiva un humor extraordinario. Una lista interminable aguarda, a quien en este siglo, pretende hurgar en los cajones de la ciencia-ficción, los ejemplos no suplen un conocimiento que, a veces, es extraordinariamente rico.
Cuando Leonardo da Vinci experimentaba con modelos de helicópteros, de submarinos, de aviones, con la electricidad, con la cirugía médica... no estaba creando el futurismo; ya estaba creado en el momento en que, en la semi-oscuridad de la caverna, alguien imaginó hombres de piedra para hacer trabajos ingratos: dobles necesarios para sustituir a los originales, cargados de miserias, de hambres y de enfermedades. El problema es que, si el futurismo estaba creado para algo que no era exactamente el arte, pasó a éste en algún momento con los mitos: los hombres de oro de Vulcano, el Golem, la inmensa y desarrollada Atlántida, guardada en la memoria por sacerdotes egipcios, y en un tiempo que se convierte en un Más Allá estético, filosófico... trascendente.

Este artículo pertenece al libro en publicación COSARIO CULTURAL. ¡Atención, cubano a la vista!, de Alejandro Cánovas Pérez

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Este blog ha sido incluido en el Directorio Technorati de Blogs cuya dirección incluye estos artículos y otros correspondientes a mis pinturas: http://technorati.com/posts/tag/Alejandro+C%C3%A1novas+P%C3%A9rez

# Posté le samedi 22 septembre 2007 12:44

Modifié le lundi 01 octobre 2007 16:24

GILGAMESH: EL HOMBRE DOS TERCIOS DIOS Por Alejandro Cánovas Pérez

GILGAMESH:  EL HOMBRE DOS TERCIOS  DIOS Por Alejandro Cánovas Pérez
De entre los relatos maravillosos que dejan determinadas civilizaciones, la narración que tiene por protagonista a Gilgamesh se ha convertido hoy en un clásico. ¿Y quién es el tal Gilgamesh?
Hay huellas dejadas por el paso del hombre en su existencia en miles de años, que son recordadas porque aún hoy están como losas que deben ser pisadas en el mismo camino. Se trata de que si el valle del Nilo fue el origen de una civilización, dos ríos en vez de una hondonada, encuadran una vieja y larga sucesión de culturas: son el Tigris y el Éufrates. El lugar se llama justamente Mesopotamia, lo que en griego quiere decir en medio de dos aguas. Y si el agua es necesaria para la vida, tal parece que el valle o la llanura que se encuentra, hoy como ayer, entre dos ríos, lo es también. La tierra lodosa de la Mesopotamia justo lugar, cocida en hornos para formar parte de los ladrillos con que se hacían murallas, templos y grandes palacios. El orgullo de los mesopotámicos fue, justamente, sus ciudades...
¿Quién no ha oído mencionar la soberbia Torre de Babel de La Biblia? ¿Y nadie se excusaría cuando se mencionara ante él, una villa llamada Nínive? Las casas dotadas de sistemas de desagüe, con piscinas forradas de alquitrán y de dos o más pisos, tal vez vienen de una civilización múltiple que supo también, escribir con cuñas en tabletas de barro; sin tinta, pero también sin papiro, pergamino y/o papel. Esas moradas, esas edificaciones civiles y religiosas –llamadas ziggurat, como en forma de montañas escalonadas--, enseñan y asombran hoy a los arquitectos contemporáneos, quienes se han visto obligados a re-construir, a referenciar y a simular o copiar, los famosos Jardines Colgantes de Babilonia --verdaderos bosques como paraísos, situados en terrazas de enorme altura en plena urbe. De igual manera, el complicado sistema matemático que inventaron los mesopotámicos, dos, tres o cuatro milenios antes de nuestra era, es la base del nuestro, y ellos se les debe la actualidad de la computadora. Babilonia, la prostituta, dice en algún lugar El Apocalipsis bíblico, tal vez con un poco de envidia a causa de la fama de esa ciudad de ciudades: sede y fuente, ejemplo de urbe, cruce también de rutas y comercios que llegaban hasta la antigua China.
Gilgamesh es el rey de una ciudad... y dice su epopeya que dos terceras partes de su cuerpo son de dios, la otra, es de hombre. Era señor de Uruk, una de las grandes ciudades que, en la llanura mesopotámica, desarrollaron sus respectivas culturas. Gilgamesh era todo orgullo y poder y por esto, los grandes de Uruk, pidieron a Anu, patrón divino de esta villa, que creara un contrincante que aplacara y pusiera freno a sus acciones. Anu, según la teogonía presente en el Cantar de Gilgamesh --teogonía se dice por referencia a la obra del mismo título Teogonía, de Hesíodo (VIII-VII siglos a.n.e.), poeta griego clásico, y se emplea en el sentido de descripción de los dioses -- habitaba en el cielo junto a Ishtar o Astarté, su hija y diosa del amor tan adorada en tiempos históricos más recientes por los fenicios, los habitantes del futuro Líbano. Pues, bien, una vez se le hubo hecho esta queja, se le dirigió otra a Aruru: la esposa divina de Marduk, divinidad principal y Aruru imaginó a Alguien parecido a Anu, y con esta imagen moldeó en barro --como es de suponer-- a Enkidu, el campeón destinado a luchar contra Gilgamesh. Pero Enkidu, hizo célebre también el Cantar de Gilgamesh, ya que por ser un hombre bruto aún, desconocedor de la civilización, que vagaba con su fuerza enorme junto a su ganado e impedía que otros hombres, cazaran los animales, se civilizó, antes de que, verdaderamente, encontrara a Gilgamesh y... ¿cómo ocurrió ésto?
Pues la queja de un cazador llegó hasta el inteligente Gilgamesh, señor de Uruk y se le recomendó al cazador que fuera a buscar una prostituta que oficiaba en los templos --y por tanto su prostitución era sagrada-- para que Enkidu conociera el amor y por su intermedio, la civilización. Enkidu, no sólo supo del amor de la mujer, sino que luchó civilizadamente con Gilgamesh y después de vencerle, le ofreció su amistad, y he aquí que continúan las aventuras de la epopeya de Gilgamesh, siempre acompañado por su fiel amigo Enkidu, símbolo de lo mejor de las relaciones entre los seres humanos, fuente de socorros mutuos cuando se necesitaban, porque ambos tenían en común la condición de héroes.
La última aventura de Gilgamesh, después de llorar la pérdida de su amigo Enkidu, es la búsqueda de la planta de la inmortalidad, la cual termina en un fracaso: ésta es perdida por Gilgamesh a causa de un descuido... y entonces, decide visitar el mundo de los muertos --como siglos después lo hará, Ulises, en La Odisea-- para saber cuál es la esencia mayor de la vida.
La epopeya de Gilgamesh, obra anónima, tuvo una existencia azarosa durante los miles de años, que transcurrieron de su composición a nuestros días. Hoy encontramos que existen diferentes versiones y que el texto, mutilado, y en fragmentos, es todo lo que podemos conocer de lo que probablemente fue un monumento literario y mítico. Esa obra que hoy consideramos literatura, ha de haber sido como La Ilíada y La Odisea, fuente de concepciones del mundo, del hombre, de los dioses; seguramente, era conocida como historia, y enseñada en las escuelas como la historia de Sinuhé, en el Egipto antiguo: esas escuelas capaces de hacerle decir en un texto, al rey Sargón, de Acadia, (otra ciudad-estado) y zona del norte mesopotámico: “las medidas de las murallas de mi ciudad, son el número correspondiente con mi nombre”. Y él hacía referencia a la costumbre de poner equivalente numérico a todas las cosas existentes porque la ciencia matemática, era también magia entre los mesopotámicos.
La astrología pues, habitó igualmente entre aquellos seres humanos, ya que no sólo conocieron la geometría o medidas de la Tierra, sino que descubrieron y sistematizaron el universo y las estrellas, y su creencia era que cada cuerpo, o cosa, tenía un destino relacionado con los movimientos astrales. Gilgamesh, sin embargo, en nada hace comentario a este intento de regularizar el mundo: él es anterior y por tanto perteneciente al mito. Los dioses concebidos en su epopeya son enteramente antropomorfos --con forma humana-- , al punto de que Ishtar se enamora de él, y lo castiga por que Gilgamesh le rechaza, echándole en cara la multitud de amantes humanos abandonados por ella. De igual manera, tal vez un millar de años después se comportan en La Ilíada y en La Odisea, los dioses griegos de Homero.
Es asombroso cuánto de contemporáneo tiene en sus dudas y aseveraciones una obra tan antigua. Y... ¿qué encontramos en su frontón o principio? : “Quien ha visto el fondo de las cosas y de la tierra,/ y todo lo ha vivido para enseñarlo a otros, / propagará su experiencia para el bien de cada uno”. Es con esto que quiero despedirme para comprobar, juntos, que las grandes obras del hombre son iguales en todas las épocas y en todos los lugares.

Este artículo pertenece al libro en publicación COSARIO CULTURAL. ¡Atención, cubano a la vista!, de Alejandro Cánovas Pérez
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Este blog ha sido incluido en el Directorio Technorati de Blogs norteamericano cuya dirección incluye estos artículos y otros correspondientes a mis pinturas: <a href="http://technorati.com/claim/dppy7c5pw" rel="me">Technorati Profile</a>
[ Ajouter un commentaire ] [ Aucun commentaire ]

# Posté le lundi 03 septembre 2007 19:02

Modifié le mardi 02 octobre 2007 07:47

FRENTE A FRENTE AL PROBLEMA CULTURAL DEL SEXO Por Alejandro Cánovas Pérez

FRENTE A FRENTE AL PROBLEMA CULTURAL  DEL SEXO Por Alejandro Cánovas Pérez
La aparición de un supuesto tercer sexo desde los años setenta del siglo XX, ha puesto sobre la mesa, la carta del verdadero conflicto que constituye el desarrollo biológico sexual en el ser humano y su esencia cada vez más social. Algo tan privado como este fenómeno, considerado por el eminente austríaco médico, neurólogo y fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud (1856-1939), como una de las más importantes bases de la personalidad está de moda y ¡ de qué modo !.
El amor y las maneras de incrementar las atracciones entre los sexos o sexuales, han llevado a una sociedad que favorece lo tecnológico, por encima de todo, como un producto de consumo más, a la fabricación de artefactos de hacer el amor (más bien de fingir el coito) que simulan con mucha precisión los órganos genitales o incluso, cuerpos humanos de temperaturas de 37 grados, y a la cirugía estética: operaciones de corrección de la que no se salvan desde partes expuestas hasta las zonas más íntimas. La soledad, la crisis de los valores, el individualismo, el real maltrato de una humanidad que solamente espera por una muestra de ternura, son resultados de un mundo que ha creído poder comprar a precio módico, la fuerza que mueve la tierra. El amor no es solamente sexo, esa es la realidad. Lo otro es ser engañado con gato por liebre. Un plástico que vibra, a temperatura de un ser amante no es más que eso: un objeto que vibra a temperatura de un ser amante.
Otra cosa relacionada es el homosexualismo. El homosexualismo es confundido con relaciones sexuales entre el mismo sexo. Nada más alejado. Ser homosexual es amar personas de igual sexo. El carácter peyorativo viene cuando casi nunca se le asocia a la idea del amor. Visto en condiciones históricas a las que el filósofo alemán Friedrich Engels, (1820-1895), en un arranque de feminismo exaltado, llama la cruel venganza del olvido de la mujer en su El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884), y evidentemente tratando de explicarlo en los hombres de la Grecia Clásica donde el homosexualismo, raras veces era real y sí, una manifestación indiscriminada del deseo de tener sexo, yo propongo, a la hora de juzgarlo en la actualidad, que se considere la frase, más bien, como un olvido de la esencia humana del sexo. Hoy no importa –no debe importar-- si es entre varones o hembras, lo esencial es que no hay el por qué desconocerlo, reprimirlo según el caso, y como sabemos: la sociedad permite las excepciones, siempre y cuando éstas no perjudiquen una segunda y/o tercera persona. El sexo es también un contrato social.
De esta manera, si la persona es capaz de amar, no importa cuál es el sexo del otro ser amado, y sobre todo, si éste acepta su amor y le corresponde. En fin de cuentas, el resto es un asunto privado que no concierne sino a los integrantes del conjunto: eso sí, la sociedad interviene moral y legalmente, si existe un segundo y/o tercero perjudicado. La evolución histórica del amor debe permitir una libertad que no existe en un mundo como el de la modernidad de hoy. En fin de cuentas, el matrimonio homosexual pone en el tapete la crisis del matrimonio heterosexual. Las instituciones humanas deben estar hechas para el logro de la felicidad en lo social y lo privado, y no para lo contrario.
En el futuro, yo creo que el individuo escogerá el sexo por el cual quiere amar y ser amado; y la tecnología, si es preciso, le permitirá todos los cambios necesarios. En el universo la vida es tan rica y tan diversa que, la energía del átomo, descubierta en el siglo XX, y que solamente ha servido para amenazar la existencia humana, un día dará la posibilidad de crear mundos, ¿por qué no pensar en que habrán otras oportunidades para el amor?.
La polémica del tercer sexo encubre en realidad una verdadera guerra entre hombres y mujeres
mujeres. La sociedad moderna sufre cambios. Uno de los más importantes es la presencia de la mujer. La sociedad era coto cerrado de caza solamente para los hombres y aún hoy, en algunos países sigue siendo de este modo. Yo creo que esa guerra es verdaderamente desgastante para el género humano : y lo esencial es que las personalidades se rompen; los individuos se rompen; crecen torcidos hasta para amar y cuando creen que lo hacen, causan sufrimientos al objeto de su amor. Eso no es amor.
La luz de la luna y todo el romanticismo tradicional no han bastado para matar también otra realidad: el sexo se hace cada vez más joven. La gente descubre su o sus capacidades a una edad, por paradoja, cada vez más temprana. Y eso, también es un fenómeno reconfortante. Las prohibiciones de la moral, de los conocimientos y de los desconocimientos, contribuyeron mucho a acortar una vida más placentera para los seres humanos.
Pero... ¡Qué raro es nuestro siglo! Por una parte, destruye; por otra, remedia. Bueno... alguien me dice que son ironías de la Eternidad.

Este artículo pertenece al libro en publicación COSARIO CULTURAL. ¡Atención, cubano a la vista!, de Alejandro Cánovas Pérez


[ Ajouter un commentaire ] [ Aucun commentaire ]

# Posté le mardi 14 août 2007 17:44

Modifié le mardi 14 août 2007 17:59

WAGNER Y TOLKIEN EN EL CAFE LAVENA DE SAN MARCOS, VENECIA Por Alejandro Cánovas Pérez

WAGNER Y TOLKIEN EN EL CAFE LAVENA DE SAN MARCOS, VENECIA  Por Alejandro Cánovas Pérez
El pasado mes noviembre del 2005, viajé a Venecia. Sentado en Lavena y conversando con las amigas, las señoras Regina Maestri, su hija Regina Al-Sowayel y la propietaria del histórico lugar: Antonieta Rey, recordé que a Wagner le gustaba acudir y estar durante horas, absorto en la composición de lo que iban a ser sus últimas obras.

“Igualmente en Venecia, Richard Wagner, adoraba sentarse al sol de la terraza del “Café Lavena" (1750), donde obtuvo la inspiración para componer inolvidables páginas musicales.”/.../ “Pero fue Carlo Lavena quien llevó con su gestión a partir de 1860 al café Lavena a su celebridad actual. Él cambió el nombre del lugar, pero tuvo la elegancia de conservar la arquitectura y el refinamiento de las épocas precedentes. Gracias a su simpatía y cultura, encontraremos a partir de ese entonces un exclusivo círculo de artistas y músicos entre los cuales estuvo el gran Richard Wagner”. /.../ “A mediados de la década de los 70, en 1877 comienza la composición de Parsifal, obra que, concluída en 1882,[...] En esta época, 70-80, ya padecía del corazón, por lo que en 1882 se asienta en Venecia, donde morirá de un ataque cardíaco el 13 de febrero de 1883 a los 70 años. Su cuerpo está enterrado en el jardín de Wahnfried en Bayreuth.”. En: Cafés históricos de Europa (Matteo Gaffoglio). a fuego lento.com . Año II, Nº 26. /.../ En: Café Lavena. Sitio Oficial WEB, en italiano. /.../ En: Centro de Información de Música Clásica 1998-1999. Sitio Oficial WEB, en español

En un momento dado, la música firmada por Howard Shore, de la trilogía cinematográfica El señor de los anillos, de Peter Jackson, que guardo celosamente en mi lector I-Pod, vino a decirme cuánto de wagneriana eran tanto sus notas, como la obra literaria del inglés J.R.R. Tolkien.
Ya sabemos que la música y la literatura comparten similares inquietudes, procedimientos de composición, historia, temas y hasta creadores interesados en ambas artes como es el propio caso de Richard Wagner (1813-1883) y de J.R.R. Tolkien (1892-1973).
Wagner, alemán, y Tolkien, inglés, han sido, en mi opinión, demiurgos que pueden ser comparados por sus analogías, entre ellas por su vocación de gigantismo y una técnica que en consecuencia, agranda cual lupa el resultado artístico... y el receptor siente como una mole de sentimientos que se le viene encima. Los recursos del arte wagner-tolkiano (musical, en un caso, literario, en el otro) se movilizan para “hipnotizar” por aplastamiento emotivo a su público --curiosamente, creo que es un procedimiento captado muy bien por la reciente saga fílmica del australiano Peter Jackson.
Gigantes también, ambos, Wagner y Tolkien, de un ilusionismo artístico, como los Houdini de un mundo ideológico que conecta dos centurias, la diecinueve y la veinte, pretendieron y lograron con gran éxito artístico, es cierto, enmendar las realidades respectivas con una hipnosis colectiva destinada a creer en universos, donde el Bien y el Mal están definidos --tal vez de una vez y para siempre--, donde el Bien debe triunfar, y vence, donde el Mal cae y yace olvidado hasta el fin de los tiempos.
La música de Wagner formaba parte de un proyecto más ambicioso del artista: el de dotar de una mitología, un pasado heroico, prestigioso por ello, a la nación y a la cultura alemana tomando prestados elementos de la tradición y religiones de Francia y Escandinavia. En su caso, el escritor inglés Tolkien, buscaba en la literatura un medio de otorgarle visa de credibilidad a sus universos lingüísticos y por qué no, tal vez en la creencia de que la antigüedad británica también carecía de epos suficientemente inglés.
Los tiempos de Wagner y de Tolkien se hacen visiblemente parecidos en circunstancias propicias para tales aspiraciones. En Wagner, las guerras de 1848 y de 1871, en Tolkien, la II Guerra Mundial, por ejemplo, llenaban de sombríos presagios el porvenir de la Humanidad. El terrible monstruo de la guerra, pues, amenaza el arte, la belleza del espíritu humano... y pone en evidencia el Mal que existe repartido en el Mundo.

Los anillos y la música

El anillo de los Nibelungos... El señor de los anillos... curiosa coincidencia. Wagner en su música (óperas), Tolkien en su obra literaria... el anillo o el círculo mágico aplicado a los dedos de la mano, adquiere poderes mágicos importantes para el Destino o el porvenir. La imagen del círculo –plenamente musical en el retorno de los sonidos que caracteriza un tema o línea temática-- adquiere en ambos creadores valor filosófico.
El anillo es representación del mundo, de sus coordenadas de existencia y de la búsqueda por la Humanidad, de la perfección. El ciclo (círculo) que es el anillo es también alusión a la convivencia de dos universos en la existencia del hombre: el del espíritu y el de la realidad objetiva, el de las realidades del pensamiento y las realidades de la materia, el de las leyes de la abstracción y la concreción dimensionales... el anillo es circular, punto en el espacio, paso transversal y expansión a todas las regiones, y una cosa más, se puede portar como joya alusiva al Poder, desde tiempos inmemoriales.
La posesión de un anillo, es indicación (dedo apuntado a) transferencial. El anillo es en sí mismo un puente de valores, ideas generales o simplemente, anuncio de que su portador está comprometido en una cadena de signos, en la que él mismo es uno de ellos.
Y anillos son los objetos mencionados en las obras de Wagner y de Tolkien...

Los anillos y el Cosmos-Caos


La tendencia de la cultura humana es hacia el Cosmos (CO), eso es, orden; a huir del Caos (CA), eso es desorden. Esta afirmación no es nueva, y sí viene de la antigua filosofía griega. El universo se convirtió en cosmos que nació del caos y un día, volverá a ser caos, del surgirá un nuevo cosmos. Esto es la dialéctica de las cosas del mundo, el equilibrio es frágil y no solamente el griego clásico lo sabía, sino que Wagner y Tolkien nos lo transmiten en sus elaboradas creaciones artísticas. También, el espíritu del hombre se inclina a identificar el cosmos con el Bien (B) y el caos con el Mal (M). Sin embargo, la propia dialéctica griega nos dice que las cosas no son así, aun en el cosmos actual están presentes elementos del caos del pasado y del que vendrá. Por lo tanto, ¿sería necesario decir que, en el Bien hay elementos del Mal y viceversa, que en el Mal existen elementos del Bien? Todo esto nos preguntaríamos si siguiéramos el esquema de reflexión CO=B vs CA=M.
Algo curioso es que Tolkien concibe el Silmarilion, durante, antes y después (prácticamente en el transcurso de su vida) que sus obras más conocidas: El Hobbit y El señor de los anillos.

"Bilbo, el Hobbit (The Hobbit, 1937), fue una historia fantástica que destinada a sus hijos, ilustró él mismo. Una continuación, esta vez destinada a los adultos, bajo la forma de una trilogía con título de El señor de los anillos (The Lord of the Rings, 1954-1956) constituyó un gran ciclo novelesco que, imaginativo y profundo, agrupa La comunidad del anillo (The Fellowship of the Ring), Las dos torres (The Two Towers) y El retorno del rey (The Return of the King). Tolkien trata como asunto el conficto entre las fuerzas del Bien y del Mal por la posesion de un anillo maléfico que puede dotar del Poder absoluto a su detentor. El señor de los anillos está considerado hoy como una de las mejores obras del género fantástico. El Silmarilion (The Silmarillion, 1977), que presenta los primeros tiempos mitológicos de las Tierras del Medio, estaba destinado a consolidar sus otras historias. Esta obra fue completada y publicada póstumamente por el hijo de Tolkien, Christopher." En: Encyclopedia Encarta. © 1993-2002 Microsoft Corporation. Tous droits réservés. En francés.

El Silmarilion, fue publicado post-mortem en 1977 y constituye una base fundamental de todo su edificio literario. Los silmarils son piedras de luz que tienen poder de darnos a conocer sobre el pasado, el presente y el futuro. Pues bien, el libro El Silmarilion, recopila las leyendas y mitos de la creación inventados por Tolkien para dar coherencia e información sobre sus mundos narrados. Dentro de este libro sobre la “Creación” según Tolkien, un acto de música hace nacer al primer dios y luego, de su propio canto (línea temática) se desprenden otros cantos (líneas temáticas) como otros tantos Valars o dioses que se originan de ellos; éste acto poético (acto de creación, ya que propiamente poiesis es en el griego clásico, creación) genera la hermosa idea de que los dioses, estos dioses, son hijos de una música primigenia y divina, de un primer tema musical o de Dios mismo. Nuevamente nos encontramos con que la música expresa una voluntad de hacer cosmos en medio del caos --la vieja idea pitagórica que ponía la música como matemáticas y si las matemáticas organizan el mundo, el silogismo se completa con la conclusión de que la música es orden universal, estructura del universo, igualmente.
El arte musical es eufonía: palabra del griego clásico, de eu: mejor, orden, armonioso, agradable y fonía: sonido, que significa pues, orden de los sonidos, orden deseado, control de lo existente anteriormente en forma de ruidos o sonidos arbitrarios, ya sean naturales o producidos por el hombre. Tolkien acude a la música para decir cómo debía ser cada cosmos nacido del caos. Una originalidad que no lo es tanto, si lo comparamos con Wagner, quien había hecho ya algo semejante al apoyarse en un contexto literario-etnográfico para dar sustancia a sus óperas (teatro + música).
El silogismo establecido por la destrucción de un anillo mágico que lleva a la salvación de un mundo entero, es cosmos. El universo literario de El señor de los anillos depende de la reductiva lógica de que el anillo del poder supremo del Caos debe ser destruido para construir el Cosmos. Gran golpe de teatro wagneriano a la manera de Tolkien.

¿Se desprende del razonamiento anterior que Tolkien es más wagneriano de lo que parece? Una más profunda investigación --creo—daría más argumentos para afirmar y confirmar lo que digo.

"Frodo besó entonces a Merry y a Pippin, y por último a Sam, y subió a bordo; y fueron izadas las velas, y el viento sopló, y la nave se deslizó lentamente a lo largo del estuario gris; y la luz del frasco de Galadriel que Frodo llevaba en alto centelleó y se apagó. Y la nave se internó en la Alta Mar rumbo al Oeste, hasta que por fin en una noche de lluvia Frodo sintió en el aire una fragancia y oyó cantos que llegaban sobre las aguas; y le pareció que, como en el sueño que había tenido en la casa de Tom Bombadil, la cortina de lluvia gris se transformaba en plata y cristal, y que el velo se abría y ante él aparecían unas playas blancas, y más allá un país lejano y verde a la luz de un rápido amanecer.
Pero para Sam la penumbra del atardecer se transformó en oscuridad, mientras seguía allí en el Puerto; y al mirar el agua gris vio sólo una sombra que pronto desapareció en el oeste. Hasta entrada la noche se quedó allí, de pie, sin oír nada más que el suspiro y el murmullo de las olas sobre las playas de la Tierra Media, y aquel sonido le traspasó el corazón. Junto a él, estaban Merry y Pippin, y no hablaban.
Por fin los tres compañeros dieron media vuelta y se alejaron, sin volver la cabeza, y cabalgaron lentamente rumbo a la Comarca; y no pronunciaron una sola palabra durante todo el viaje de regreso; pero en el largo camino gris, cada uno de ellos se sentía reconfortado por los demás. Y finalmente cruzaron las lomas y tomaron el Camino del Este; y Pippin y Merry cabalgaron hacia Los Gamos; y ya empezaban a cantar de nuevo mientras se alejaban. Pero Sam tomó el camino de Delagua, y así volvió a casa por la colina, cuando una vez más caía la tarde. Y llegó y adentro ardía una luz amarilla; y la cena estaba pronta, y lo esperaban. Y Rosa lo recibió, y lo instaló en su sillón, y le sentó a la pequeña Elanor en las rodillas.
Sam respiró profundamente.
—Bueno, estoy de vuelta —dijo.


He drew a deep breath. 'Well, I'm back,' he said".

El subrayado es mío, A.C.P., para que se vea que, en efecto, tanto en español, como en inglés, el fin de la trilogía, con la frase que indica retorno (estoy de vuelta, I'm back), señala ¡hacia el anillo... o círculo...!.


Este artículo pertenece al libro en publicación COSARIO CULTURAL. ¡Atención, cubano a la vista!, de Alejandro Cánovas Pérez

# Posté le vendredi 03 août 2007 13:11

Modifié le vendredi 03 août 2007 13:42